Velocidades...
Por sí solo, encontrar una persona con la que caminar al lado, es tarea extraordinariamente dificil. Pedir que además se camine paralelo, a la misma velocidad es misión "casi" imposible. Y más si le añades el nivel de autoexigencia que nuestra sociedad nos está haciendo adquirir. El ritmo, la velocidad que se lleva en el día a día, las exigencias externas y presiones a las que continuamente uno se va viendo sometido si quiere y le gusta avanzar, crecer, disfrutar y despuntar...se traducen también en la vida sentimental. No nos conformamos. Nos queremos, nos sentimos bien con nosotros mismos y eso "dificulta la llegada y estabilización de alguien a nuestro lado". Ya no queremos a alguien al lado porque necesitamos compañía...Ya no queremos a alguien al lado porque no sabemos estar solos o porque no nos sentimos bien solos...o porque nos van a mirar mal si no tenemos a nadie con nosotros. Eso ya pasó...El tiempo ya pasó y ahora las cosas se ven diferentes.
Ahora dejamos llegar a alguien a nuestro lado porque nos gusta lo que nos transmite cuando está cerca, porque nos gusta mirarle en los momentos que decidimos frenar nuestra velocidad de escándalo, porque nos gusta disfrutar de su caricia, una caricia con nombre, la suya, la de él!...(y no "una caricia en general"), porque disfrutamos perdiéndonos en medio del olor que le caracteriza...Hoy en día escogemos "a la persona", y no a "una persona". Le queremos concretamente a él, porque es el que está ahí cuando el ritmo de nuestras vidas pone un poquito el freno...y porque es él el que queremos que esté ahí al lado, precisamente él! Para mí es lo más definitorio, está ahí en ese momento porque queremos que sea él, y no porque necesitemos una compañía. Eso es el amor, almenos para mí.
Pero que peligroso es nuestro ritmo!Si yo voy así de rápido en mis día, mi compañero puede triplicar mi velocidad..La velocidad de freno no tiene porque ser la misma, y el momento en que hayamos puesto el freno puede no ser el mismo. Podemos no coincidir. Podemos no encontrarnos...
Hacemos la desesperante faena de esperar que llegue "él", y luego nos arriesgamos continuamente a perderle...Es pura contradicción. Aquello que nos ha llevado a aumentar nuestra exigencia y permitirnos encontrarle precisamente a "él", es un arma de doble filo, y se convierte a la vez en lo que puede provocarnos su pérdida.
Es la diferencia de los ritmos. Es la diferencia entre velocidades y potencias. Así...¿hasta donde estamos dispuestos a llegar?¿Qué estamos dispuestos a poner a la venta?¿Y qué estamos dispuestos a arriesgarnos a perder?...
Cuando me invade la parte frívola pienso que...
Mejor no respondo a esas preguntas porque ahora me está invadiendo la parte frívola, y ésta en mi la desconocía.

